martes, julio 21, 2026
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La razón por la que el río Tambo presenta una coloración amarilla de forma recurrente

La coloración amarilla que en distintas ocasiones presenta el río Tambo ha generado preocupación entre agricultores, autoridades y pobladores de la provincia de Islay. Aunque para algunos podría tratarse de un fenómeno natural, especialistas sostienen que su aparición recurrente responde a un problema ambiental que permanece sin resolverse desde hace varios años.

El ingeniero geólogo Otto Hito explica que el cambio de color del río está relacionado con la presencia de pasivos mineros en la parte alta de la cuenca y advierte que, mientras estos no sean remediados, el fenómeno continuará repitiéndose cada temporada de lluvias.

Cada cierto tiempo el río Tambo vuelve a presentar una coloración amarilla. ¿Por qué ocurre este fenómeno de manera recurrente?

Según Hito, la cuenca del río siempre ha contado con fuentes geotérmicas que contienen minerales como hierro, manganeso y arsénico. Sin embargo, aclara que esas características naturales nunca modificaron el aspecto del agua.

«La coloración amarilla aparece después del 2015 y se le atribuye a la actividad minera. Las aguas termales y los minerales siempre han existido, pero antes el río no cambiaba de color», sostiene.

El especialista explica que el problema se origina en la parte alta de la cuenca, en la zona de Florencia-Tucari, donde operó la empresa Aruntani. Tras el cierre de la unidad minera quedaron relaves, desmontes y otros residuos que permanecen expuestos.

Cuando llegan las lluvias, el agua arrastra estos materiales mediante escorrentías e infiltraciones hasta quebradas y ríos que finalmente desembocan en el Tambo.

Entonces, ¿el cambio de color depende de la temporada de lluvias?

Hito señala que sí. Explica que durante las precipitaciones aumenta el arrastre de sedimentos y residuos mineros acumulados en la parte alta de la cuenca.

«Cada vez que llueve, esos materiales vuelven a movilizarse y llegan al río. Mientras los pasivos ambientales permanezcan allí sin una remediación efectiva, el fenómeno seguirá ocurriendo», afirma.

Por esa razón, indica que el color del agua puede variar de un año a otro dependiendo de la intensidad de las lluvias, aunque el origen del problema continúa siendo el mismo.

El especialista sostiene que la relación entre la actividad minera y la contaminación ya ha sido materia de investigaciones e informes técnicos.

¿Existen evidencias que respalden esta relación?

De acuerdo con Hito, entidades como la Autoridad Nacional del Agua (ANA) y el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) emitieron informes que identificaron contaminación asociada a la actividad minera en la cuenca.

Además, recuerda que el Poder Judicial ordenó a la empresa Aruntani pagar una reparación civil por la contaminación de ríos en Moquegua y Arequipa, lo que constituye un antecedente importante sobre la problemática.

Pese a ello, considera que las acciones de remediación no han sido suficientes para impedir que los residuos continúen llegando al río.

¿Qué consecuencias puede generar esta contaminación?

El ingeniero advierte que los efectos ya son visibles en distintas zonas de la cuenca.

«Hemos visto mortandad de truchas en la parte alta, disminución de camarones y afectaciones para la agricultura. Además, si los metales pesados continúan descendiendo, también podrían llegar hasta el mar», explica.

Recuerda que el río Tambo constituye una de las principales fuentes de agua para actividades agrícolas, ganaderas y para el consumo de miles de personas en el sur del país, por lo que considera indispensable implementar soluciones definitivas.

Finalmente, Hito expresa su preocupación por la posibilidad de que nuevos proyectos mineros incrementen la presión sobre la cuenca.

¿La situación podría agravarse en el futuro?

El especialista señala que existen proyectos que plantean reactivar e incluso ampliar la actividad minera en la zona.

«Si aumenta la extracción de mineral también aumentará la cantidad de material removido y de residuos generados. Si primero no se solucionan los pasivos ambientales existentes, el riesgo de contaminación seguirá creciendo», advierte.

Para Otto Hito, la coloración amarilla del río Tambo no debe entenderse como un episodio aislado, sino como la manifestación de un problema ambiental que se repite debido a la permanencia de pasivos mineros sin remediar. Mientras no se ejecuten acciones efectivas para controlar esa fuente de contaminación, el río continuará presentando alteraciones que afectan al ecosistema y a las actividades que dependen de sus aguas.

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