La segunda vuelta de las elecciones presidenciales volvió a demostrar que el voto sigue siendo la herramienta más importante de la democracia. Millones de peruanos acudieron a las urnas para elegir al próximo presidente de la República en una jornada que transcurrió, en términos generales, con normalidad y bajo la supervisión de los organismos electorales.
Sin embargo, una vez cerradas las mesas de votación, surge una pregunta inevitable: ¿basta con elegir a un nuevo mandatario para cambiar el rumbo del país? La respuesta, probablemente, sea no.
Las elecciones de este año reflejaron nuevamente un país dividido, donde las diferencias políticas continúan marcando el debate público. Durante la campaña predominaron las acusaciones, la confrontación y los ataques personales, dejando en segundo plano las propuestas para enfrentar problemas urgentes como la inseguridad, la informalidad, la crisis del sistema de salud y la educación.
En ese contexto, la jornada electoral no debería verse como el final de una competencia entre dos candidatos, sino como el inicio de una nueva etapa que exige responsabilidad tanto de las autoridades como de la ciudadanía. Quien asuma la Presidencia tendrá el desafío de gobernar para todos los peruanos, incluso para quienes no respaldaron su candidatura.
Pero la responsabilidad no recae únicamente en el próximo gobierno. Los ciudadanos también debemos asumir un papel más activo. Votar cada cinco años no es suficiente si después renunciamos a fiscalizar, participar y exigir transparencia en las decisiones públicas. La democracia no termina cuando se deposita una cédula en el ánfora; comienza precisamente en ese momento.
El Perú necesita dejar atrás la política entendida como una confrontación permanente. Más que celebrar victorias o lamentar derrotas, es momento de construir consensos y recordar que los problemas del país no distinguen colores políticos. La verdadera prueba de esta segunda vuelta no será quién ganó la elección, sino si, como sociedad, somos capaces de avanzar unidos hacia un futuro con mayor estabilidad, confianza e instituciones más sólidas.
Por: J.O.

