Conversamos con Jorge Calero, arqueólogo responsable de las investigaciones sobre las chincanas de Sacsayhuamán. En medio de las actividades por el Inti Raymi, el especialista explicó los avances del proyecto, las evidencias que respaldan la existencia de estos pasajes subterráneos y la importancia que tendría su descubrimiento para la arqueología peruana.
En Sacsayhuamán no solo se desarrollaba una de las celebraciones más importantes del calendario andino. Mientras cientos de turistas y ciudadanos presenciaban la escenificación del Inti Raymi, un equipo de arqueólogos continuaba trabajando en silencio en una investigación que busca responder una pregunta que ha acompañado a generaciones de cusqueños: ¿existieron realmente las chincanas? En medio de una agenda apretada por las actividades de la festividad, Jorge Calero encontró un breve espacio para conversar sobre el proyecto que dirige desde hace varios años. Aunque el tiempo fue limitado, la entrevista permitió conocer cómo avanzan las investigaciones y por qué este descubrimiento podría convertirse en uno de los más importantes de las últimas décadas.
Las chincanas han estado rodeadas de relatos, leyendas y especulaciones desde la época colonial. Sin embargo, para Calero, la evidencia histórica y científica demuestra que estos pasajes subterráneos existieron y cumplieron un papel fundamental dentro de la organización del Tawantinsuyo.
Durante muchos años las chincanas fueron consideradas un mito. ¿Qué eran realmente estos pasajes?
Las chincanas eran los pasajes secretos de los incas. Eran utilizadas únicamente por el Inka y su séquito, por lo que no constituían caminos de uso común. Se trataba de corredores subterráneos que conectaban distintos lugares sagrados del Cusco y tenían una función política dentro de la organización del Estado incaico.
Según explica el arqueólogo, las investigaciones no solo se apoyan en los relatos transmitidos de generación en generación, sino también en documentos de los siglos XVI y XVII que describen el recorrido de estos caminos.
¿Las investigaciones han permitido confirmar lo que narraban los antiguos cronistas?
Sí. Los documentos coloniales indican que las chincanas descendían desde Sacsayhuamán hacia la ciudad del Cusco y, gracias a los estudios geofísicos, hemos podido comprobar que ese recorrido realmente existe. Incluso hemos determinado que no se trata de un solo pasaje, sino de varios corredores subterráneos.
Además, hemos corroborado lo descrito por Garcilaso de la Vega respecto a los torreones de Sacsayhuamán. Él mencionaba que estos estaban comunicados mediante chincanas y nosotros hemos identificado el pasaje que unía dos de esos torreones. También encontramos un tallado de piedra y un techo construido con bloques cuidadosamente trabajados que fueron trasladados desde zonas ubicadas a varios kilómetros de distancia.
Los hallazgos obtenidos hasta ahora representan apenas una parte de una red subterránea mucho más extensa. Para llegar a ellos, el equipo ha debido combinar distintas disciplinas y tecnologías que permitan intervenir el terreno sin poner en riesgo el patrimonio arqueológico.
¿Cómo se desarrollan estas investigaciones sin afectar las estructuras originales?
Utilizamos diferentes métodos. Primero realizamos un estudio histórico basado en documentos de los siglos XVI y XVII, donde los cronistas describen el recorrido de las chincanas. Luego recopilamos información etnográfica, es decir, testimonios de personas que en distintas épocas tuvieron contacto con estos pasajes.
A eso se suman los estudios geofísicos. Empleamos tomografías de resistividad eléctrica para detectar vacíos en el subsuelo, georradares que permiten obtener imágenes del interior del terreno y pruebas sísmicas que ayudan a determinar la presencia de estructuras subterráneas. Gracias a la combinación de todas estas técnicas hemos podido identificar con bastante precisión dónde se encuentran los pasajes.
Calero comenta que el proyecto es el resultado de varios años de investigación. Su interés por las chincanas nació cuando apenas era un niño y, con el paso del tiempo, terminó convirtiéndose en el eje de su carrera profesional.
¿Qué lo motivó a dedicar tantos años a esta investigación?
Creo que el sueño de casi todo cusqueño ha sido encontrar las chincanas. Desde niño escuchábamos historias sobre estos pasajes y organizábamos pequeñas expediciones para buscarlos. Más adelante, cuando inicié las investigaciones en la década de 1990, incluso algunos de mis alumnos me acompañaban con autorización de sus padres. Hoy muchos de ellos son arqueólogos o antropólogos. Siempre hemos crecido con ese misterio y con el deseo de descubrir qué existe realmente debajo de la ciudad.
No obstante, el avance del proyecto también enfrenta dificultades. Más allá de los desafíos técnicos propios de una excavación arqueológica, Calero advierte que existen factores externos que podrían interferir con el trabajo desarrollado por el equipo peruano.
¿Cuál considera que es el principal obstáculo para continuar con las investigaciones?
Nos preocupa que el Estado peruano otorgue permisos a un grupo de investigadores españoles vinculados a la ufología que anteriormente ya fueron cuestionados por intervenir el patrimonio cultural en el Cusco. Si obtienen autorización para excavar cerca de nuestra zona de trabajo podrían interferir con una investigación que llevamos desarrollando durante varios años.
Para el arqueólogo, el hallazgo de las chincanas no solo tendría relevancia académica. Considera que este descubrimiento puede convertirse en un acontecimiento de alcance internacional y fortalecer el valor histórico del patrimonio cusqueño.
¿Qué impacto tendría descubrir completamente la red de chincanas?
Este no es un descubrimiento de Jorge Calero ni de un pequeño grupo de investigadores. Es un proyecto impulsado por el pueblo del Cusco. Participan instituciones, organizaciones civiles, comunidades campesinas, representantes de la Iglesia y diversas autoridades locales.
Cuando dimos a conocer los primeros resultados, la noticia fue traducida a 53 idiomas y tuvo repercusión internacional. Eso demuestra que el mundo continúa mirando al Cusco y que las chincanas despiertan un enorme interés. Además, este proyecto también transmite un mensaje importante: los incas construyeron espacios dedicados al respeto por la Pachamama y hoy nosotros debemos asumir el mismo compromiso con la protección de nuestro patrimonio y del medio ambiente.
Aunque los primeros resultados ya permiten confirmar parte de lo descrito por los cronistas coloniales, el trabajo está lejos de concluir. Según las proyecciones del equipo, las investigaciones demandarán aproximadamente ocho años más para comprender en su totalidad la red de pasajes subterráneos.
La conversación con Jorge Calero dejó claro que las chincanas han dejado de ser únicamente un tema de leyendas para convertirse en un objeto de investigación respaldado por documentos históricos y estudios científicos. En medio de una de las celebraciones más importantes del calendario andino, el arqueólogo reafirmó que el verdadero valor de este proyecto no radica únicamente en descubrir nuevos pasajes, sino en comprender mejor la ingeniería, la organización política y la cosmovisión del mundo inca. Si las investigaciones continúan su curso, las chincanas podrían convertirse en uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del Perú en el siglo XXI.

