Con la proximidad de las elecciones regionales y municipales, Arequipa comienza a llenarse nuevamente de paneles, carteles, pintas y publicidad en redes sociales. Los candidatos buscan hacerse conocidos y convencer a los electores, pero la pregunta es inevitable: ¿están aprovechando las campañas para presentar propuestas o solo para posicionar un nombre y un rostro?
Las campañas electorales son una herramienta legítima dentro de una democracia. Permiten que los ciudadanos conozcan quiénes aspiran a gobernar y cuáles son sus planes para resolver los principales problemas de la región. Sin embargo, con demasiada frecuencia la publicidad política termina reducida a eslóganes llamativos, jingles pegajosos y ataques entre adversarios, mientras las propuestas quedan en un segundo plano.
Arequipa enfrenta desafíos que requieren respuestas concretas: el crecimiento de la inseguridad ciudadana, el caos del transporte, la contaminación ambiental, la escasez de agua y la necesidad de mejorar los servicios de salud. Los ciudadanos no necesitan campañas millonarias ni promesas difíciles de cumplir; necesitan candidatos que expliquen cómo financiarán sus proyectos, cuáles serán sus prioridades y de qué manera rendirán cuentas durante su gestión.
Las redes sociales también han cambiado la forma de hacer política. Hoy un video viral puede alcanzar a miles de personas en pocas horas, pero la popularidad en internet no siempre refleja la capacidad para gobernar. La política no debería convertirse en una competencia por obtener más seguidores o reacciones, sino en un espacio para debatir ideas y contrastar propuestas.
Del mismo modo, la ciudadanía tiene una responsabilidad que no puede delegar. Elegir a una autoridad implica mucho más que recordar un eslogan o una fotografía en un panel publicitario. Es necesario informarse, comparar planes de gobierno, participar en debates y ejercer un voto consciente.
Las próximas elecciones representan una oportunidad para fortalecer la democracia en Arequipa. Pero ello solo será posible si las campañas dejan de centrarse en la propaganda y apuestan por el diálogo, la transparencia y las propuestas. Al final, una buena campaña no es la que logra más publicidad, sino la que convence con ideas y demuestra que existe un verdadero compromiso con el desarrollo de la región.
Por: J.O.

