La exposición “Hypersentimentalismo en el Perú Post-Internet” explora la relación entre memoria digital, cultura popular peruana y los cambios tecnológicos que marcaron a una generación. A través de elementos como CDs piratas, cabinas de internet, videojuegos, música en MP3 y símbolos de la vida cotidiana, la muestra propone una reflexión sobre cómo el Perú construyó su propia identidad dentro de la era digital.
En la exposición aparecen objetos como CDs piratas, USBs o música en MP3. ¿Qué te interesa de esa etapa del Perú?
Me interesa todo lo que representa ese periodo en el que la tecnología comenzó a democratizarse y muchas personas pudieron acceder a ella, aunque fuera mediante alternativas como la piratería, las cabinas de internet o pagando un sol por una hora de conexión.
Esa etapa me permite imaginar una visión del Perú como una especie de futuro postapocalíptico y cyberpunk, como Akira, pero adaptado a nuestra realidad. Me gusta pensar cómo sería un país futurista construido desde nuestras propias experiencias. Por ejemplo, imaginar repuestos de brazos cyborg vendidos en Avelino o una tecnología avanzada mezclada con nuestras calles, costumbres y formas de sobrevivir.
¿Es una forma de nostalgia por esa manera de consumir música, películas y contenidos o buscas representar algo diferente?
Más que nostalgia, me interesa construir un recuerdo vivo y una visión de futuro. No utilizo estos elementos para generar únicamente melancolía por el pasado, sino para plantear cómo esa época tecnológica puede convertirse en una mirada hacia un futuro más cercano a nuestra realidad.
Hay una imagen de una persona en una cabina de internet con audífonos. ¿Qué significan para ti las cabinas de internet?
Las cabinas de internet fueron espacios sociales muy importantes para toda una generación. Eran lugares donde personas de diferentes realidades económicas podían compartir un mismo espacio, conectarse y relacionarse a través de los videojuegos, las redes y la navegación por internet.
En esa época, los videojuegos representaban un espacio particular de igualdad: un niño que quizá no tenía muchos recursos podía enfrentarse a otro que tenía más posibilidades económicas, y al final la diferencia estaba en la habilidad frente a la máquina.
¿Consideras que las cabinas fueron solo lugares de acceso a internet o también formaron parte de la vida de una generación?
Fueron mucho más que lugares para conectarse a internet. Las cabinas permitieron la creación de comunidades que después evolucionaron con las plataformas digitales y las redes sociales.
La combinación entre esos espacios, los usuarios peruanos y nuestra propia realidad generó fenómenos muy particulares dentro de internet, como comunidades digitales y expresiones culturales que hoy empiezan a ser analizadas con mayor atención. Muchos de quienes participaron en esos movimientos ahora son adultos, y recién estamos viendo el impacto que tuvieron en la cultura digital peruana.
En tu obra aparecen referencias como La Sarita y otros elementos de la cultura popular. ¿Por qué te interesa llevar estos elementos cotidianos al arte?
Me interesa que los peruanos puedan observar lo que tienen alrededor y valorar aquello que han construido durante años, en lugar de sentir vergüenza por ello.
Muchas expresiones de nuestra cultura nacieron desde la necesidad, pero con el tiempo adquirieron una identidad propia. Por ejemplo, Sarita Colonia representa una figura muy fuerte dentro de la cultura popular; más allá de los prejuicios, representa la fe y la identificación de muchas personas que no siempre han sido tomadas en cuenta.
Creo que esa autenticidad es algo que debemos valorar mucho más, especialmente en una época donde la inteligencia artificial puede generar imágenes y contenidos fácilmente. Lo que nos diferencia es aquello que nace de nuestra propia experiencia.
Por: J.O.

