Arequipa siempre ha sido reconocida por su cielo despejado y su clima privilegiado. Sin embargo, esa imagen contrasta con una realidad cada vez más preocupante: la calidad del aire que respiramos se deteriora año tras año. Aunque la contaminación no siempre es visible, sus efectos sí lo son y terminan afectando la salud de miles de personas.
El problema ya no puede minimizarse. De acuerdo con el Reporte Mundial de Calidad del Aire 2025 de IQAir, Arequipa registró una concentración promedio anual de 26,1 µg/m³ de partículas PM2.5, convirtiéndose en la ciudad con mayor contaminación del aire del Perú. La cifra supera en más de cinco veces el valor recomendado por la Organización Mundial de la Salud, que establece un límite anual de 5 µg/m³ para proteger la salud.
Las consecuencias van mucho más allá de una molestia pasajera. La exposición constante a estas partículas aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otras complicaciones, especialmente en niños, adultos mayores y personas con problemas de salud. A ello se suma el crecimiento del parque automotor, la quema de residuos y las emisiones industriales, factores que continúan deteriorando la calidad del aire.
Las propias autoridades ambientales han advertido la gravedad de la situación. En 2025, el OEFA reportó que en Arequipa se alcanzaron concentraciones de 151,4 µg/m³ de PM2.5 y 710,8 µg/m³ de PM10 durante episodios de contaminación, valores que superaron los niveles de alerta establecidos por la normativa nacional.
Frente a esta realidad, no basta con emitir alertas cuando los niveles son críticos. Se requieren políticas públicas que promuevan un transporte menos contaminante, una fiscalización más efectiva de las emisiones y un mayor compromiso ciudadano para evitar prácticas como la quema de residuos. La contaminación del aire no distingue edades, distritos ni condiciones económicas; todos respiramos el mismo aire.
Respirar debería ser un acto natural, no un riesgo para la salud. Si Arequipa aspira a seguir siendo una ciudad con buena calidad de vida, la lucha contra la contaminación del aire debe convertirse en una prioridad. Porque el desarrollo de una ciudad no solo se mide por sus obras o su crecimiento económico, sino también por la calidad del aire que ofrece a quienes la habitan.
Por: J.O.

