La Universidad Nacional de San Agustín no solo perdió sus sistemas informáticos. También perdió algo mucho más importante: la capacidad de transmitir tranquilidad a su comunidad universitaria.
Miles de estudiantes, docentes y egresados llevan más de una semana enfrentando una situación inédita. Matrículas suspendidas, trámites paralizados, sustentaciones de tesis postergadas y servicios digitales fuera de operación. Lo que para cualquier usuario aparece como una simple caída del sistema, en realidad ha terminado exponiendo las debilidades de una institución que atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años.
La explicación oficial señala que todo comenzó con un problema eléctrico en el Data Center de la universidad. Según el comunicado emitido por la UNSA, las unidades de almacenamiento permanecen intactas y la información no se habría perdido. El problema estaría en los controladores que permiten a los servidores acceder a esos datos.
Pero la pregunta es inevitable: ¿cómo una institución que administra información de miles de usuarios puede quedar prácticamente paralizada por una contingencia de este tipo?
La propia universidad ofrece parte de la respuesta. En su comunicado reconoce que no cuenta con una infraestructura de alta disponibilidad ni con un servidor espejo que permita continuar las operaciones en caso de una emergencia. En otras palabras, si el sistema principal falla, gran parte de la universidad se detiene.
Y eso es exactamente lo que ha ocurrido.
El problema tecnológico aparece además en el peor momento posible. La UNSA enfrenta cuestionamientos por el presunto robo de cerca de seis millones de soles de sus cuentas institucionales. Paralelamente, el proceso electoral para elegir nuevas autoridades universitarias se encuentra bajo observación luego de la exclusión de varios candidatos de la contienda.
Como si todo eso no fuera suficiente, esta semana también se registraron protestas y la toma de instalaciones universitarias por parte de grupos que exigen explicaciones y transparencia.
Por separado, cada uno de estos hechos podría interpretarse como una crisis puntual. Juntos, en cambio, dibujan un escenario mucho más preocupante.
La caída del sistema no es solamente una falla tecnológica. Es el símbolo de una universidad que parece haber perdido capacidad de respuesta frente a los problemas que enfrenta.
La UNSA anunció que los servicios digitales críticos empezarían a restablecerse progresivamente desde el 2 de junio. Sin embargo, el verdadero desafío no será recuperar servidores ni restablecer plataformas.
El reto será recuperar la confianza. Porque cuando una universidad pública deja de generar certezas y comienza a acumular dudas, el problema ya no está en las computadoras, está en la institución.
Por: T. C. C.

