La violencia sexual contra las mujeres continúa siendo un problema mundial de derechos humanos. Frente a esta realidad, la médica sudafricana Sonette Ehlers desarrolló Rapex, un dispositivo diseñado para dificultar una agresión sexual y facilitar la identificación del agresor. Sin embargo, la propuesta generó controversia por su funcionamiento, sus posibles riesgos y las dificultades para llegar al mercado.
Sonette Ehlers y el origen de Rapex
La idea surgió cuando Sonette Ehlers, durante sus primeros años en el campo de la medicina, atendió a una mujer que había sido víctima de violación. Según relató, la experiencia la impactó profundamente y la llevó a buscar una alternativa que ayudara a las mujeres a protegerse frente a la violencia sexual.
La violencia sexual contra las mujeres sigue siendo una crisis mundial
Según datos de la ONU, cerca de 840 millones de mujeres han sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja, o violencia sexual a lo largo de su vida. Además, durante los doce meses considerados en el informe, 316 millones de mujeres mayores de 15 años fueron víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja.
La reducción de esta forma de violencia avanza lentamente, con una disminución anual de apenas el 0,2 % durante las últimas dos décadas, de acuerdo con las cifras citadas.
¿Cómo funciona el dispositivo antiviolación Rapex?
Presentado en 2005, Rapex fue concebido como un dispositivo de uso interno, similar a un tampón. Cuenta con pequeñas estructuras que se adhieren al pene durante el contacto sexual, con el propósito de dificultar la agresión y facilitar la identificación del agresor.
Ehlers defendió su propuesta como una alternativa frente a la violencia sexual. No obstante, el dispositivo generó controversia por su mecanismo de funcionamiento y los posibles riesgos asociados a su uso. Entre las preocupaciones planteadas se encuentra la posibilidad de que la reacción del agresor incremente el peligro para la víctima.
¿Por qué Rapex no se vende?
Pese a la atención que recibió desde su presentación, Rapex no llegó a convertirse en un producto de venta masiva. Aunque a lo largo de los años circularon anuncios sobre su posible comercialización, no se ha encontrado evidencia fiable de que llegara a distribuirse habitualmente en farmacias y supermercados.
Las dudas sobre su seguridad, la controversia en torno a su uso y las dificultades para pasar de la propuesta a una comercialización efectiva forman parte de las explicaciones sobre su limitada llegada al mercado. Sin embargo, no hay evidencia suficiente para atribuirlo a una única causa ni para afirmar que fue prohibido.
El caso de Rapex mantiene abierto el debate sobre las alternativas para prevenir la violencia sexual. También plantea interrogantes sobre la seguridad de los dispositivos de protección y la necesidad de fortalecer la prevención, la atención a las víctimas y el acceso a la justicia.

