Mientras el Mundial 2026 concentra la atención del planeta, el Perú vuelve a quedarse fuera de la máxima cita del fútbol. Sin embargo, la ausencia de la selección no ha disminuido la pasión de millones de hinchas. Especialistas explican por qué este deporte continúa siendo un espacio de identidad, pertenencia y esperanza para los peruanos.
El Mundial 2026 vuelve a paralizar ciudades, llenar estadios y reunir a millones de personas frente a una pantalla. En Perú, sin embargo, la ilusión terminó antes de empezar. La derrota por 3-0 frente a Uruguay en Montevideo dejó a la selección nacional sin opciones de clasificar, prolongando una historia que los hinchas conocen demasiado bien. Aun así, el interés por el torneo permanece intacto. Familias, amigos y aficionados continúan reuniéndose para seguir los partidos, aunque la Blanquirroja no forme parte de la competencia.
Esta realidad plantea una interrogante que va más allá del deporte: ¿por qué el fútbol continúa ocupando un lugar tan importante en la vida de los peruanos incluso cuando la selección está ausente? Las respuestas apuntan a que el fútbol representa mucho más que un resultado. Es un espacio donde convergen la identidad nacional, la necesidad de pertenencia, la esperanza y también la frustración colectiva.
Un país que se une dependiendo del resultado
Para el periodista deportivo Franklin Quispe Asencio, narrador de fútbol en medios radiales y digitales, el fútbol tiene la capacidad de unir al país, aunque esa unión depende directamente del desempeño de la selección.
«En el 2018, cuando Perú clasificó al Mundial después de 36 años, todo el mundo se juntaba. Los negocios cerraban, las calles se llenaban de gente y todos querían ver a la selección. Hoy ocurre algo distinto porque Perú no está presente y eso vuelve a mostrar las divisiones que existen», explica.
Según el periodista, el comportamiento del hincha cambia constantemente de acuerdo con los resultados.
«Si Perú gana, todos somos peruanos y sentimos orgullo. Pero cuando pierde, empiezan las críticas, las discusiones y otra vez aparece la división. El fútbol influye bastante en el actuar y en el sentimiento del peruano», sostiene.
Para Quispe, durante un partido ocurre un fenómeno difícil de encontrar en otros espacios de la sociedad.
«Durante esos 90 minutos los apasionados por el fútbol se olvidan completamente de lo que ocurre alrededor. Toda la atención está puesta en el partido. Pero cuando termina, vuelven los problemas del día a día: el trabajo, la economía, la salud o la política», comenta.
La ilusión del hincha y la frustración permanente
El periodista considera que la relación entre la selección y sus seguidores está marcada por un ciclo constante de ilusión y decepción.
«La esperanza del hincha muchas veces es alimentada por el entorno y por los medios de comunicación. Cada proceso eliminatorio comienza con optimismo, pero cuando llegan los malos resultados aparece nuevamente la frustración», señala.
Con el paso de los años, esa decepción termina formando parte de la cultura futbolística peruana.
«Empiezan frases como ‘no esperaba nada de esta selección y aun así me sigue decepcionando’. Es un desgaste emocional que se repite cada proceso», afirma.
A ello se suma una frase que, según Quispe, refleja la manera en que el país ha aprendido a convivir con la derrota.
«Siempre decimos ‘jugamos como nunca y perdimos como siempre’. Esa frase termina justificando los malos resultados y hace que muchas veces valoremos más el esfuerzo que el resultado. Así se mantiene viva la ilusión para el siguiente proceso», explica.
La necesidad de sentirse parte de algo
La pasión por el fútbol también tiene una explicación desde la psicología. Para la magíster Lucero García, especialista en Psicología Clínica de la Infancia y la Adolescencia, el ser humano necesita sentirse parte de un grupo y encontrar espacios donde pueda compartir emociones con otras personas.
«El ser humano es social por naturaleza. Necesita vínculos, reconocimiento y sentirse parte de algo. Cuando una persona se identifica con un grupo experimenta mayor bienestar y estabilidad emocional», sostiene.
En un contexto marcado por la incertidumbre, el estrés y la polarización, el fútbol ofrece precisamente ese espacio de encuentro.
«Las personas buscan espacios de pertenencia colectiva porque son una fuente de bienestar psicológico. Compartir emociones con otros hace que se sientan comprendidas y acompañadas. En el fútbol, por unos momentos, las diferencias políticas, económicas y culturales pasan a un segundo plano», explica.
La especialista también señala que el deporte crea referentes con los que la población se identifica.
«Los héroes deportivos representan historias de esfuerzo, perseverancia y superación. Muchas personas proyectan en ellos sus propios sueños y aspiraciones, por eso generan tanta admiración», comenta.
No obstante, García advierte que esa unión suele ser pasajera.
«Estas emociones generalmente son temporales. Si esa esperanza no se transforma en acciones concretas o en hábitos de cooperación y solidaridad, desaparece cuando termina el partido», añade.
Mucho más que un deporte
Desde la experiencia dentro de la cancha, el exfutbolista y entrenador Pedro Jesús Requena Secada considera que el fútbol cumple una función formativa que muchas veces pasa desapercibida.
«La actividad física es fundamental para los jóvenes. No solo se trata de jugar fútbol, sino de formar personas capaces de convivir con otros, resolver conflictos y trabajar en equipo», sostiene.
Para Requena, el deporte colectivo enseña valores que luego se trasladan a la vida cotidiana.
«En un equipo aprendes que no siempre tienes la razón. Debes escuchar a tus compañeros, resolver problemas juntos y enfrentar las dificultades como grupo. Esa enseñanza sirve mucho más allá del fútbol», explica.
El exjugador también destaca el significado que adquiere representar al país en una competencia internacional.
«Cantar el himno nacional antes de un partido genera una emoción distinta. Es un momento que hace sentir que realmente representas al Perú y fortalece el sentido de identidad», afirma.
Sin embargo, también llama a vivir el deporte con mayor madurez.
«Somos muy eufóricos. Debemos entender que el rival también trabaja y se prepara. El deporte implica aceptar el resultado y respetar al adversario», reflexiona.
Una pasión que sobrevive a las derrotas
Las voces consultadas coinciden en un punto: el fútbol no resuelve los problemas del país, pero sí refleja la manera en que los peruanos viven sus emociones. En la cancha conviven la esperanza de volver a un Mundial, la frustración por los malos resultados y la necesidad de encontrar un motivo para celebrar colectivamente.
Aunque Perú vuelva a mirar el Mundial desde la distancia, millones de personas seguirán reuniéndose para ver un partido, comentar una jugada o emocionarse con un gol. El fútbol continúa siendo uno de los pocos escenarios capaces de generar un sentimiento de pertenencia compartido.
Quizá esa sea su mayor fortaleza. Más allá de las victorias o las derrotas, el balón sigue ofreciendo un espacio donde, aunque sea por noventa minutos, los peruanos vuelven a sentirse parte del mismo equipo.

